mayo 13, 2021
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Rodrigo Cortés dirigió Down a Dark Hall, que fue escrita por Chris Sparling y Michael Goldbach y dirigida por Rodrigo Cortés. Está basada en la novela homónima de Lois Duncan de 1974.
Cuando la conducta de Kit Gordy (AnnaSophia Robbcriminal ) se convierte en demasiado para su escuela, es enviada al misterioso internado Blackwood. Al llegar a Blackwood, Kit se encuentra con la excéntrica directora Madame Duret (Uma Thurman) y con las únicas alumnas del centro, cuatro adolescentes con idénticos problemas de conducta (Veronica, Ashley, Sierra e Izzy). Las chicas sólo pueden llamar a sus familias en presencia de la directora, y la tecnología apenas se utiliza. Las chicas reciben una serie de lecciones artísticas e intelectuales, que les ayudan a descubrir talentos ocultos.
Sierra es la primera en demostrar una inquietante obsesión por su trabajo, perdiendo el sueño, negándose a comer y entrando en extraños trances mientras realiza increíbles obras de arte. Ashley escribe poemas exquisitos y también cuentos inquietantes. Kit e Izzy comienzan poco a poco a encontrar los mismos efectos secundarios negativos, afirmando que sus cuerpos están siendo utilizados por otra persona. Sólo la obstinada Verónica se niega a dar ningún paso, para disgusto de Madame Duret. Kit descubre que los dibujos de Sierra están todos firmados “TC” en la clase de arte y busca respuestas en la biblioteca de la escuela. Sierra está recreando obras del artista fallecido Thomas Cole, y los demás están reproduciendo obras de otros genios fallecidos, se da cuenta.

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Además, y como era de esperar tratándose del cineasta que nos ocupa, la duración de la película es especialmente solvente en cuanto a técnica y ejecución, resultando una gala de producción milimétricamente planificada y escenificada -incluso en lo que se refiere a los saltos de la muerte- que capitaliza las mejores prácticas del sector femenino en general.
Lo que resulta más difícil de explicar es la interpretación de una Uma Thurman antagónica, con un acento francés tan absurdo como la construcción de su personaje; pero, en honor a la verdad, se trata de un defecto menor en una ‘Blackwood’ de la que lo único que se puede extrapolar es el deseo de Rodrigo Cortés de trabajar en proyectos más personales o, como mínimo, un deseo de trabajar en proyectos más personales.

Entrevista con rodrigo cortés, director de blackwood

La premisa es interesante, y se puede decir que hizo todo lo posible por ser un buen drama/thriller de misterio sobrenatural, pero no pudo entrelazar estos elementos lo suficientemente bien como para contar una historia convincente. Aunque los actores eran excelentes, la escritura y la creación de personajes eran deficientes. La fotografía y el gran escenario eran perfectos, pero la historia estaba mal escrita. El primer acto era prometedor, el segundo era dudoso y el último tercio era un completo desastre. La revelación del horror del acto final, que debería haber sido emocionante, sólo resulta extraña porque no se superponen buenos elementos de horror sobrenatural de manera coherente. Tenía muchas ganas de ver esta película, pero a pesar de tener todos los ingredientes adecuados, no ha conseguido producir una buena película.

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Intentar alcanzar el éxito y el reconocimiento en alguna forma de expresión artística puede ser uno de los caminos más difíciles y degradantes. Es un camino difícil de aceptar, lleno de frustraciones y miedos, sin resultados inmediatos y con una interminable espera de alguna aportación. Algo parecido ocurre durante la adolescencia, esa etapa rebelde y desconcertante en la que el mundo entero parece estar en tu contra y lleno de hostilidades, y en la que parece haber más preguntas que respuestas. Lois Duncan enlazó arte y adolescencia en Down a Dark Hall (1974), la novela que ha llevado a Rodrigo Cortés a la gran pantalla con su cuarto largometraje, Blackwood.
No es casualidad que todos los protagonistas sean mujeres. La figura femenina, apodada “musa”, siempre ha sido una fuente de inspiración para los artistas. Sin embargo, la historia de las musas en Blackwood va más allá de la inspiración. Las cinco internas -que han decidido dedicar su tiempo a resolver problemas en lugar de probarse a sí mismas (y por eso están ahí)- son utilizadas como un canal por el que sus cuerpos sirven de instrumento para que los muertos terminen lo que ellos dejaron sin hacer: teorías, cuadros, poemas… El director plantea entonces las siguientes preguntas: ¿Es legal aprovecharse de alguien que ha elegido la mediocridad? ¿Es ético utilizar el cuerpo de otra persona como instrumento? Todo depende de la valoración del arte. La ignorancia de Madame Duret se impone, y acaba justificando a los medios de comunicación. Pero lo más intrigante de todo es que Rodrigo Cortés no sólo considera la adolescencia y la desesperación artística como temas separados, sino que los une para poner de manifiesto la explotación de las figuras femeninas en todas las disciplinas artísticas mientras aprenden y trabajan junto a ellas.

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